Y yo, que te haré eterno, aunque de por sí ya lo hayas
logrado tú solo. Y yo, que escribiré de todas tus batallas, de todas tus horas
de agonía. Y yo, que pretendo hacerte inmortal sin voz. Y tú, que era lo único
que poseías. Voz, oscura, profunda, honda, un sin fondo. Una voz repleta de
sentimiento, una garganta llena de cosas por decir. La que escupía palabras en
la situación menos apropiada, pero que eran de tanta falta… Palabras que te
animaban a seguir, a perseguir, a alcanzar. A pedir. A reivindicar por los
demás a los de más poder, a querer por ti, por ellos y por los que vendrán. A no
quedarte callado cuando estás siendo la víctima indirecta, porque acabarás por
hacerle cara directamente o, al menos, intentarlo. Lo que empezó siendo un juego
a gritos de jóvenes corderos, ahora es oído por aquellos que necesitan coraje,
amor y sabiduría, por aquellos, apagados, que necesitan a un líder que les
guíe. Será la flecha que parta el cielo de norte a sur con frases cortas, sin
comas, inherentes a su piel. Como si viviese con ellas cada día, como si se las
recordase al enemigo del espejo todas las mañanas. Y él, el que lleva tatuada
‘viva la revolución’ en el pecho, él, el que lleva tatuado ‘crea arte y no
guerra’, no te cobrará nada por llevar una moral más encima de sus hombros. Él
te repetirá que deshagas el lazo que hay en el cielo, que estamos preparados
para pensar por nosotros mismos y crear nuestro propio imperio. Él quiere que
rompas la famosa pirámide y des tu propia versión de los hechos sin mentiras
que te corrompan; todas ellas son ficción, te cubren con una venda los ojos y
te cierran la boca con la misma. El poder de la lógica le vuelve loco, pues
solo consigue pagar a aquellos avariciosos y caníbales sus enormes festines. No
permitas que actúen por ti mientras disfrutas siendo un autómata; despierta,
grita y haz valer tu voz. Eres joven y libre cuando ellos quieren que lo seas;
brilla como puedas, pero brilla.
Tú, dueño del mundo que ahora necesitas más que nunca. No
sufras por una realidad que no te merece, yo te haré eterno. Sobrevive y haz
que rabien todas esas malas almas que desearon verte caer. Haz que mis oídos
caigan en un mar negro al escucharte hablar, haz que no me importe hundirme.
Déjame ser egoísta y pedirte que vivas, porque yo lo lograré demasiado tarde.
Necesito que resucites la sonrisa y que ese enorme lema o recordatorio no tenga fin. Necesito que
resurjas de tus cenizas cual fénix que alza el más sublime vuelo visto. Y tú me
dirás, ‘’déjame, aunque esté necesitado. Vete lejos, escapa. Escapa como de mis
dos manos escaparon los dedos, huye a mi refugio, ahora es tuyo. No imaginas el
miedo que me produce mi máscara. Solo cumplo con mis asuntos, déjame solo. Miradas
de empatía, alejaos. De este cruel mundo a los brazos de los más venerados ahí
arriba. Conviértete en un ser nocturno que no atiende a horarios y escribe mis
pensamientos, ahora son tuyos. Pide por mí, da por mí, sé mi voz ahora
insegura. ’’
El joven amante del arte, el anciano que tiene todavía un largo porvenir. El entusiasta de
sus principios que plasma en música. El amante y entusiasta de la música. El
que solo busca paz, el que únicamente encuentra dolor. Aguanta por ellos,
aguanta por mí, por los de antes y por los que vendrán.
Un individual y
soberbio aguanta por ti.